Todo aquello que has logrado, todas las piedras que has levantado, pierden su entero valor cuando a la noche reposas, pensando en el tiempo que has gastado, creyendo que lo aprovechabas en realidad.
Las lagrimas brotan al no encontrar piedad en la gente andante del vecindario, que corre desesperadamente alcanzando aquellos trozos de ámbar que dejaste escapar sin darte cuenta, mientras forjabas el castillo que a nadie importa, pero que creías que si lo harían.
Ahora no parece demasiado tarde, pero con las esperanzas puestas no encuentras a quien te ayude a comprender en que anda metida la muchedumbre, que se asoma ante vidrieras que no tienen sentido, pero tienen algo que todos saben y tu no, porque estuviste encerrando al corazón, creyendo que allí se templaba tu pasión.
Y el tiempo se va, mientras estas en soledad. Y las personas se van, tu recuerdas a todas pero ellas no te recuerdan a ti, creo que tu corazón se convirtió un torrente incontrolable de ansias atrapadas, de amor por dar, y tal como una tormenta sale hacia afuera causando daño, en lugar de acariciar.
Nadie te extrañará cuando te vayas, pues nadie nota tu ausencia, me parece que solo morirás y quien sabe tendrás otra oportunidad. Solo te digo que puedo acompañarte, aunque no sea para arreglarlo, pues mientras hablaba, al espejo me estaba mirando.
